Mi camino hacia el amor propio.


Alguna vez leí en un post en Instagram que debíamos de concentrarnos menos en el amor propio puesto que estamos en un mundo donde nos amamos demasiado, lo cual me hizo pensar sí realmente es amor o estamos “romantizando” el amor propio como lo hemos hecho con el “amor” en nuestra sociedad.


¿Es el exceso de filtros, de retoques, de cirugías, de fillers, de maquillaje, de marcas, de productos de belleza, fotos en bikini, una muestra de amor propio o el mostrarnos de esta forma en las redes sociales la “romantización” del amor propio y la prueba de la carencia de este?


Los últimos años han sido un constante cambio, entre la aceptación de lo inevitable, lo que no está en nuestras manos como una pandemia mundial, el ver que somos responsables de mucho más de lo que creemos, como nuestro propio bienestar y como vemos el mundo, hasta enfrentarnos a nosotros mismos y la gente que nos rodea.


Durante el primer encierro viví una etapa de aceptación, un momento en donde tenía que soltar el control -si es que alguna vez lo tuve- de todo aquello que sucedía en el mundo y en mi país y aprender a tomar el control de aquello que si podía controlar, como crear la armonía del espacio en el que iba a estar literalmente encerrada y como iba aprovechar el tiempo que por primera vez en mi vida se me había concedido, el tiempo para poder conectar conmigo, conocerme y entablar una buena relación conmigo misma y el afamado “amor propio”.


Mi entendimiento por este concepto estaba completamente guiado, miles de personas alrededor del mundo pusieron a nuestra disposición infinidad de contenidos increíbles, máster clases y cursos en línea gratuitos con la simple finalidad de ofrecernos un poco de bienestar y paz dentro de una crisis mundial, estos contenidos fueron mi principal motor para empezar un nuevo camino, del cual no tenía ni idea cual era su finalidad ni mucho menos pero me aventuré a explorar lo desconocido y probar este concepto del que tanto se estaba hablando.


La lectura se volvió parte de mi rutina, me olvidé de las novelas y le di la bienvenida libros de filosofía, autoayuda, bienestar, espiritualidad entro otros temas inexplorados, antes de la pandemia yo ya tenía en mi posesión El Poder del Ahora de Eckhat Tolle, un libro que ganó muchísima popularidad durante el encierro, puesto que nos da las herramientas para entender y vivir el presente.


Conectar con mi cuerpo fue una de mis principales metas, jamás me había permitido enfrentarme al espejo, a mi cuerpo y hablarle desde otro lugar que no fuera el rechazo, el salto a tener una rutina diaria no fue tan complejo puesto que ya era corredora pero dentro de esa misma disciplina aun tenía una desconexión con el motivo por el cual estaba corriendo esas distancias.


Vestirme todos los días fue un reto, un reto que disfruté muchísimo, yo nunca he sido de estar en pijama todo el día y en realidad siempre me ha gustado el momento de elegir mis prendas, pero muy dentro de mi sabía que un motivante para hacerlo era sacar a pasear mi looks o tener un evento importante para vestirme de esa forma, conecté con mis prendas y con mis posesiones de otra forma, me estaba vistiendo totalmente para mi, por el simple hecho de verme bien para mi, incluso al elegir mis ropa interior o mis prendas para hacer ejercicio.


La alimentación fue un tema más complejo, había hecho las pases con mis decisiones alimenticias, me hacia responsable de mis ganas de saciar ese gusto, me involucraba al elegir el origen de mis alimentos, su preparación, no me excedía en azucares, harinas pero me concedía los antojos que llegara a tener y por supuesto acompañe esta primer etapa de pandemia con unas cuantas muchas copas de vino.


El trabajo se tornó en lo que debía ser, trabajo, y no mi entrada de autoestima ni mi valor como persona, hacer las pases con esto fue más fácil de lo que pensaba o al menos eso creía.


Después de algunos meses y hacer un exhaustivo análisis de prioridades, entender desde donde estaba actuando como persona, me puse a la tarea de cuestionarme todo, todo aquello que me sucedía, como reaccionaba, como me relacionaba, hacia donde me dirigía, qué me motivaba, qué me frenaba… me topé con una verdad que no creía que podía ser real.


Al iniciar este proceso de autoconocimiento, no sabía que iba a suceder, ni que esperaba de ello, pero si fue un motivante para sobre llevar la crisis mundial y conocer un poco más de quien soy yo y a redireccionar enfoque del por que hacía todo lo que hacía, en mi día a día.


La segunda etapa de pandemia fue en una prueba donde todos los cuestionamientos, conocimientos adquiridos, cursos tomados, podcasts escuchados, libros leídos empezaron a cobrar factura, ¿por quién hacía todo esto si no era por mi misma? Definitivamente no era por las redes sociales, ni por nadie más, entonces ¿por qué me sentía tan incomoda con mi vida?


De los libros a la vida, las enseñanzas piden ser aplicadas, ¿de qué sirve tanto conocimiento si no lo aplico? ¿Cómo estar bien con la gente si no estoy bien conmigo misma? ¿Por qué tanto miedo a conocerme? Eran algunas de las preguntas que me hacia constantemente.


¿Qué faltaba en mi vida y cómo podía empezar a ver cambios en ella?


Descubrí que lo que realmente me faltaba era coherencia, una palabra que resonó muy fuerte en mí y desató una serie de eventos afortunados, dolorosos pero afortunados.


Comencé con una breve lista de cosas que anhelaba ¿Qué quería realmente yo?


Quería practicar deporte, tener un cuerpo esbelto y además tener la condición para poder correr medios maratones y poder subir a la montaña.


Quería mejorar mi alimentación para poder cumplir con mis metas deportivas y nutrirlo de tal manera que tuviera la masa muscular y el peso para poder desempeñarme de la manera que yo quería en ellos.


Quería dedicar más tiempo a mi salud mental y mis momentos a solas, a mi meditación, a mi escritura matutina, a mis rituales pre, durante y post el baño, a mi sueño, sin culpa -sí, siento culpa de tener tiempo para mí-.


Quería relacionarme de una mejor manera con la gente que conozco, con mi familia, mis amigos, mi pareja, sin juzgarlos. Quería descubrir el verdadero significado de una palabra que me ha acechado en los últimos años y entender el por qué de su origen y el impacto que tiene en nuestra sociedad, entender el amor.


Quería amar mi trabajo sin desvivirme por él y darme mi lugar como persona y no buscar complacer a todo mundo, ser firme con mis tiempos.


Una vez que planteé esto sobre la mesa, me puse a ello, decidí dejar de echar culpas y victimizarme y descubrir que hábitos debía cambiar para poder lograr mis metas, tenía que cambiar toda mi estructura mental, dejar atrás todo aquello en lo que yo creía, desde el por qué me quería ver así, el por qué me alimentaba de esa manera, el por qué me ejercitaba todos los días, me vestía con esas prendas hasta comprender el daño que nos hacen algunas relaciones, debía soltar el control de mi tan orquestada vida y asumir una nueva responsabilidad donde el respetar mi intuición, mis sueños y mi cuerpo era lo más importante.


En un mundo y una sociedad donde celebramos el trabajo excesivo, el sedentarismo, nos da más miedo arruinarnos las caderas al correr que al usar tacones, preferimos beber en exceso y trasnochar que levantarnos temprano para entrenar, juzgamos ayunar y cuidar de nuestra alimentación por que no es disfrutar de la vida, donde dejar una relación te hace débil, el decidir no tener hijos sigue siendo criticado... lamentablemente nos sentimos con la libertad de opinar sobre la decisiones de vida de cada ser humano y asumimos que todos deberíamos de vivir de la misma forma.



Es muy difícil ir contra corriente y no querer tirar toalla en el proceso por los prejuicios y opiniones de la gente, incluso la que te “ama”, pero decidir cambiar mi vida y amarme como soy ha sido el proceso más duro que he hecho, aun no puedo creer que yo sola me sometí a eso, pero no hay vuelta atrás, he cambiado, he renacido, mi percepción de todo es distinta, lo que me era familiar ya no lo es, todo se tornó en algo nuevo, abrí una puerta a lo desconocido, ahora me encuentro aquí en el proceso de aceptarme, de mucha paciencia, abierta a recibir nuevos aprendizajes y con ganas infinitas de ver que vendrá, aunque por ahora no hay mucha claridad tengo la certeza de que algo positivo vendrá puesto que estoy actuando desde el amor más puro que es el amor propio.