Emily in Paris





Después de una semana de haber contraído COVID, mi mente, mi cuerpo y mi alma se encontraban con un cansancio y agotamiento que jamás había experimentado en mi vida, por fortuna había visto que se anunciaba la segunda temporada de Emily in Paris en Netflix, para mí fue una señal de que debía hacer una pausa y freír mi cerebro por un rato para así recuperarme al cien de esta enfermedad que había esquivado por casi dos años.


La primera temporada no fue un gran éxito en lo personal, me pareció que carecía de muchos aspectos importantes para poder llegarle a los tobillos a algunas de mis series favoritas, como Sex and the City o Girls, no me identifiqué en absolutamente nada, desde la ingenuidad del personaje principal hasta la representación casi ofensiva del parisino, pero esto no fue motivo suficiente para dejar de ver la segunda temporada en un solo día y tener una opinión sobre este programa que seguramente pronto anunciará una tercera temporada.


Emily se encuentra enredada en miles de situaciones extremadamente incomodas, pero ella se expone a cada una de ellas por su falta de criterio y madurez, desde traicionar a su amiga, enredarse en amoríos que involucran a más de una persona, su falta de profesionalismo, un robo, entre otras, para finalmente hacerse responsable -como debía hacerlo desde un inicio- y como resultado sus clientes, jefes y amigos le celebran el haberlo hecho y le cantan que sin ella el mundo sería un caos.


Tenía mucha fe en que esta temporada se resolviera el caótico estilo de nada más y nada menos que la mismísima Emily pero no, por el contrario nos demostraron que ella tiene la capacidad de hacerlo aun peor. Una profesionista con un ingreso promedio vive en un micro departamento, pero tiene acceso a las mejores marcas de lujo y no tiene un gramo de idea de como hacer uso de ellas. En un intento de crear un relajado y ecléctico estilo tiene como resultado una serie de looks sin pies ni cabeza, que no le hacen justicia a la belleza de Lili Collins y dejan mucho que desear.



Por otro lado, Camille pasa de ser EL personaje de la serie a una mujer que se desvive por su ex y se abandona por completo para mantenerlo feliz, incluso perdonar la indiscreción que vive con su amiga y deja a un lado todo por estar al pendiente de él. Su estilo es impecable, hace uso de prendas statement en combinación con básicos que roban la atención de todos, pero su carácter cada vez es menos atractivo y poco a poco se va fusionando con la mediocridad de nuestra querida Emily.


Quién es una mujer que roba miradas por su estilo, intelecto y revolucionaria sexualidad es la jefa de Emily, Sylvie, quién desde el día uno padece la llegada de nuestra protagonista quien constantemente la involucra en problemas con sus clientes y va por la vida resolviendo todo y constantemente aconsejándola mientras Emily queda como la heroína. No es hasta que llega su otra jefa, a quién Emily remplazó con su llegada a Paris que se da cuenta del valor de Sylvie y el potencial que tiene.

Madeline es Emily reloaded, diez veces mas ignorante, diez veces peor vestida, diez veces más desagradable, el combo perfecto para llegar a Savoir y hacer de la agencia un desastre con un desenlace inesperado, ¿se quedará Emily en Paris?


El mundo paralelo de la mejor amiga y roomie de Emiliy, Mindy, quien es una pobre niña rica que vive de la bondad de todo mundo nos recuerda constantemente que el victimismo es la peor medicina para la vida, en vez de vender sus costosos looks y hacerse de un departamento para ella y explotar su talento, vive enredada en las heridas de su infancia buscando constantemente la aprobación de papá, olvidándose de quién es ella y avergonzada de su pasado. Su estilo es mucho más llamativo y extravagante que el de Emily y la hace un personaje entretenido que podría tener su propia serie y quizás sería más entretenida que la vida de Emily.


A pesar de todo la continué viendo, completita en una sentada -más bien acostada- por que es el tipo de contenidos que necesitas ver cuando estás enferma o necesitas alejarte de la realidad por un rato y solo estar y funcionó, el día se paso lo suficientemente rápido para despertar en un nuevo día sintiéndome mucho mejor. Es ahí donde dejo todas mis exigencias atrás y tan solo disfruto del entretenimiento sin profundidad alguna y me dejo llevar por los enredos de Emily.


Seguramente veré la tercera y cuarta temporada puesto que dentro de hasta la persona más escéptica hay momentos de debilidad donde los cuentos de hadas son necesitados para el confort de que hay algo allá afuera esperándonos después de una pandemia.